Tack

Hace ya dos días que mi perro Tack murió. Fue un hecho reelevante, debo reconocerlo, dado que él estuvo conmigo toda mi infancia y mi adolescencia, me acompañó en todo momento, en unos bastante tristes diría yo y supo todo lo que pasó en esta casa.

A veces uno no se da cuenta de que hay cosas tan excelentes y lindas en la vida y que se pierden de un día para otro. “Fue un buen hombre”,”Fue una buena madre”,”Siempre sabía qué hacer” o en este caso : “Fue un perro fiel que estuvo en toda situación”. Típicas frases que emitimos luego de la muerte de alguien querido junto con unas lágrimas rodando por nuestro rostro. Pero le tomamos el peso a la importancia de aquella persona o (perro en este caso) luego de que ya no podemos hacer nada para que despierte y decirle o demostrarle lo importante que fue en nuestra vida.

Es por eso qe yo apoyo los homenajes a las personas cuando éstas estan vivas. Así pueden presenciar el afecto que les profesamos. Con mi quiltrín…Bueno, puedo asegurar que fue un perro feliz, jugamos muchas veces con él, siempre estuvo bien cuidado, aunque en nuestros últimos años, lo de vejez, no se podría decir que todos estamos perfectamente, pero él, al menos, no lo demostró.

Hay una canción que se llama “En mi corazón”, de Phill Collins, creo que es una linda canción, ya que queda para cualquier ocasión como esta, ya que todos aquellos momentos y personas omascotas que tuvimos, con quien pasamos están en nuestro corazón, de alguna u otra manera y precisamente expresa eso, el hecho de que vivirán en nuestros corazones todos auqllos recuerdos, tal y como un arcoiris, en roden, de principio a fin y tan alegres y diversos que pudiéramos mirarlos por horas sin aburrirnos.    

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Tack

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Mi puerto

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Una historia de Puerto

“El Capitán acaba de gritarnos que el próximo desembarco será en la ciudad de Valparaíso. Personalmente nunca he estado allí, pero mis colegas me han informado que es un lindo puerto, digno de admiración, donde puedes encontrar buenos prostíbulos.

No entiendo por qué cada vez que les pregunto a algunos de mis compañeros acerca de la próxima ciudad a la que iremos y, por supuesto que yo no conozco, lo primero que tiran de manera casi innata es si tiene o no popularidad con sus prostitutas, si es digno de alabar por sus fiestas y recibimientos a nosotros los marinos o si se puede gastar el dinero de buena manera. Nunca he escuchado un comentario decente.

Así que generalmente tomo sus descripciones como anexos, pero prefiero hacerme yo mismo una imagen. Al llegar allá pude distinguir, casi llamativamente la gran comparación hecha por muchos escritores del espectáculo que es Valparaíso y su similitud a un anfiteatro, es tan asertivo que me llegó a emocionar de cierto modo.

Sentí como si fuéramos los actores de la obra al momento de llegar y acercarnos a la orilla del muelle haciéndole una reverencia al público que eran los innumerables cerros que recorrían Valparaíso de extremo a extremo. Realmente una llegada maravillosa e inolvidable.Al bajar del barco, primero, decidido a recorrer los lugares más visitados, me dirigí a uno de estos puestos de orientación turística, donde te entregan un mapa y toda la cosa para conocer el lugar; no tenía idea antes de llegar que esta pequeña y distintiva ciudad era Patrimonio de la Humanidad ya que mis colegas no me proporcionan ese tipo de información como les había mencionado.Bueno, continuando con mi recorrido por el puerto, observé que tenía bastantes cerros, algo que es poco común y de hecho, más asombrosamente la extensidad de estos (en conjunto) era superior a la extensidad misma del plan.

Poseía numerosos bares, pubs (bohemios en su mayoría), cafés y restaurantes diversos. También la composición me llamó la atención, ya que podía ver desde un local elegante y de alto costo hasta un local pequeño donde su humildad era lo más notorio y el bajo costo permitía que cualquiera accediera allí, y lo más sorprendente es que podían estar en la misma calle ambos. Valparaíso es una ciudad muy artística, humilde y con diversidad de costumbres y culturas, diría yo, una ciudad de difícil especificación a la hora de describir, ya que no posee cánones generales.

Al seguir los consejos de unos residentes de la ciudad me dirigí al Cerro Alegre, que era el concurrido por todos los visitantes que allí llegaban.Subí por una calle, que realmente no recuerdo el nombre, pero que iba junta a otras con la misma dirección, cosa que resultaba bastante lúdica porque podía ir cambiando de pasaje y así ver distintos miradores.Finalmente llegué al punto donde estas tantas calles confluían, y resultó ser una pequeña placita llamada “Plaza de San Luis”, donde el piso estaba hecho con adoquines y tenía forma circular, con las casas rodeando por la orilla a la plazoleta.

Era muy tarde ya, estaba tan entretenido recorriendo que ni siquiera me percaté de la hora, sólo me di cuenta de esta al ver que no había luz solar ya y que había menos personas de las que esperaría encontrar.Para mi beneficio había un lindo puestesito de estos pintores callejeros que dibujan Valparaíso, pero en comparación a los que antes había visto, éste usaba sólo colores oscuros para sus cuadros, algo que me pareció extraño, ya que por naturaleza este puerto era demasiado colorido y carnavalero.

 Me acerqué curioso a observar más de cerca estos pasajes ausentes de luz, y al hacerlo, no pude evitar mirar también al autor de tan obscuras pinturas y me fijé, recatadamente, que no tenía sus ojos. Me asusté, no se por qué y retrocedí, botando así unos cajones donde él apoyaba sus materiales. Al instante el pintor alzó la vista como atento a lo que sucedía y dijo como al aire que quién andaba allí, inmediatamente reaccioné, me presenté y le pedí disculpas. Para mi decepción, la percepción que tenía de las pinturas reflejaba exactamente el cómo se sentía el pintor. Era un tipo bastante frustrado, que no le veía un sentido a la vida.

 Decía que porque no tenía sus ojos su vida era una patética historia de tragedia. Me sentí muy triste por el desdichado destino que le tocó vivir al pobre hombre, y por primera vez, valoré todo lo que tenía.Conversaba yo, afanosamente con el tipo, interesado en sus experiencias como no vidente, cuando vi acercarse una silueta de caderas rectas que agitaba su larga cabellera de manera coqueta al mismo tiempo que caminaba como una modelo de pasarela. Recién cuando se detuvo bajo la luz del farol que nos iluminaba al pintor y a mí, pude notar ya con seguridad que se trataba de un hombre, más conocido en estos días como un “travestido”. Como mujer era bastante linda se podría decir, salía de lo comúnmente conocemos. Nos miró a ambos y nos preguntó si teníamos fuego, a lo que respondimos a coro que no.

Como era de esperarse el o “la tipa” siguió allí conversándonos de la vida y de lo que había pasado durante su infancia. Realmente nunca me habría podido imaginar que existían realidades tan deterioradas como las que conocí esa noche. Yo escuchaba asombrado todo lo que Mariana nos relataba (que así se llamaba por cierto) y creo q el pintor, Gardel, no se quedaba al margen. De hecho pude notar un especial titubeo a la hora de responder a las preguntas de la intrigada prostituta y un nerviosismo demostrado en el constante movimiento en sus manos.

 Por las señales pude apreciar que rara vez este hombre había tenido contacto con alguna mujer, supongo que también algo por lo que estaba frustrado. Risas y risas iban y venían, consecuencias de las anécdotas de este extrovertido personaje, algo que es bastante común en ellos. Intercambiamos muchas vivencias y también ellos conocieron el por qué yo estaba allí, cuál era el propósito de mi paseo por Valparaíso y partes de mis experiencias como marino. Mariana siempre coqueta nos comentaba la importancia que tenía para ella el ser respetada como lo que era “una mujer”, que para ella iba más allá de lo biológicamente correcto.Gardel por otro lado admiraba cada una de las palabras que salían de la boca de este travestido rebelado contra la sociedad y ya el coqueteo comenzó a volverse recíproco.

Me sentí incómodo en ese momento, pero una incomodidad placentera y que esperaba sentirla desde mucho antes ya, al darme cuenta de que Gardel se estaba enamorando. Mariana una chica agraciada con Gardel un pintor frustrado pero que indudablemente todavía tenia esperanzas y optimismo respecto a la vida y obviamente respecto al amor.Gardel le confesó a Mariana que él muchas veces había intentado suicidarse, por todo lo que había vivido, pero que al momento de cometer tan terrible suceso algo le pasaba que le impedía llevar a cabo su idea, no sabía exactamente qué era, pero que ahora lo veía con claridad: La esperanza de conocer a alguien que lo entendiera.

No frustrado como él a lo mejor, pero si alguien que contrarrestara esa tristeza abundante en su artística vida y ¿por qué no? En la profundidad de sus pinturas. Mariana, con los ojos llenos de lágrimas por la increíble confesión realizada por el humilde pintor, se le echó en los brazos, y llorando le decía que nunca un hombre había sido tan dulce y tan tierno con ella.Fue allí, allí queridos amigos cuando descubrí a qué había venido a este puerto, la coincidencia de toparme justo con un momento así, lo afortunado que fui al poder presenciar el rejuvenecimiento de dos almas muertas y decepcionadas de la vida, pero que al encontrarse pudieron superar eso y ser capaces de compartirlo con el otro.

Creo que no obtuve nada mejor que eso en el Gran Valparaíso que veo ahora a millas de distancia de este infinito océano; el aprender a aceptar, a conocer y a disfrutar la interacción con otra realidad, muy distinta a la mía y que ha sido la única de la que me siento conmovido y prácticamente envidioso de no poder tenerla.Fue allí, en el cruzar de sus frágiles manos antes débiles ahora llenas de fortaleza, y con “Te vi” de Fito escuchándose a lo lejos, cuando encontré, por fin, algo que hizo de mi visita un recuerdo inolvidable.Ahora, en mi camarote pienso en ellos y deseo profundamente que su amor sea tan eterno como el horizonte que diviso ahora desde la ventana sobre mi litera”.                              

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Valparaso

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Mitos de Valparaíso

Fiesta de Muñecas Para los que no conocen este relato, les cuento amigos lectores que trata de la muerte de Doña Rosario, una señora de edad que vivía en una pequeña casita ubicada en Camino Cintura, hacia Perdices.

 Los  vecinos ya aburridos del mal olor que emitía esta vivienda decidieron forzar la puerta y descubrieron cuál era la misteriosa familia que poseía la anciana. 

Resulta que la señora era bien amigable, siempre preocupada por los vecinos; algunos decían que era medio bruja porque tenía muchos gatos y no utilizaba luz eléctrica, sino velas. Las personas siempre buscaban evitarla porque conversaba mucho.

Las mamás metían miedo a sus hijos que si no se portaban bien los llevarían con la Vieja Charo y los peques crecieron con el miedo a la vieja decrépita que les quería regalar dulces.Un día Doña Rosario fue al almacén (como de costumbre) y le pidió al vendedor hartas cositas para comer diciendo que iban a estar sus familiares. Pasaron varios días y la Señora no salió de su hogar. Los vecinos solo escuchaban risas y voces de niñas junto al maullido de los gatos.Fue a la semana que alguien sintió el mal olor y decidieron entrar.

Encontraron a la anciana putrefacta sobre el sillón, a su lado restos de un banquete y algunas muñecas con trozos de torta en la boca miraban a los invasores de su paz.Si fue demencia o por la magia que esas muñecas vivieron, todavía no se sabe si fue una fiesta de terror o alegría, si alegraron a la anciana o la mataron, solo los gatos lo saben… 

Análisis 

Bueno, está de mas decir que este mito urbano que tanto asusta a muchos es una completa burla, es decir, cómo se van a creer esa falsedad.

Primero que todo una señora de edad que vive con muchos gatos es pasable porque a las abuelas de por sí les gustan los gatos, no me pregunten por qué porque ese sí que es un misterio; pero el hecho de que no utilizara luz eléctrica es muy raro, es decir, hoy en día nadie vive sin luz eléctrica, es vital para nosotros. Ahora, si de verdad que la anciana no tenía no creo que haya sido porque era bruja, es obvio, lo que pasa es que nadie admitía que la jubilación de la pobre vieja era una miseria, que ni siquiera le alcanzaba para la luz y que lo poco que tenía se los daba de comer a los gatos que eran su prioridad porque no quería sentirse sola ya que su familia (que no sé a donde estaba) nunca se apareció.

En segundo lugar, ¿Cómo se les ocurre a las mamás aterrorizar a los niños con la pobre ancianita?. La señora estaba más re sola y para rematar salía a la calle y los cabros chicos arrancándose de ella, obvio que la señora quería puro morirse!!. En tercer lugar si la Doña Rosario fue al almacén a comprar cosas “para su familia” y todos sabían que no tenía, el vendedor debería haberse alertado y haber puesto más atención a la veterana si después de todo, los viejitos requieren de mayor atención.

El hecho de no haber notado la presencia de Doña Charo durante varios días y de escuchar risas y cosas fue motivo suficiente como para que se avisparan los vecinos, y en vez de eso esperaron a que saliera un fuerte olor que no los dejaba dormir para acudir al lugar y solo lo hicieron porque les afectaba o si no tampoco piensan en ir.  

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Fiestas?

A veces las personas cuando lo tienen todo… no lo valoran. Esa frase igual es súper más que requete trillada pero pucha que es acertada.

Se acercan las fiestas patrias, espíritu dieciochero, alegría en las personas, chicha por doquier y calillas también. Lo típico. Curaditos en la calle, llamados a todos tus conocidos, volantines en el cielo y como es de esperarse las famosas ramadas, llenas de cuecas y cumbias (aunque no debería ser así).

 Uno nunca piensa en las cosas a menos que te pasen. Como la Teletón. Nunca te acuerdas de los lisiados, ni cómo lo hacen para subir a las micros o las escaleras del banco o las mecánicas, sin embargo, el 1 y 2 de diciembre vives para favorecerlos a ellos en todo, típico, también. De cualquier manera, hoy día, por un hecho particular, pensé que eran muy lindos los momentos de mi niñez (que fue muy hermosa por cierto) en que estuve con toda mi familia, y cuando digo toda me refiero a tíos, primos, abuelos, etc.

Recuerdo todavía cuando corría sin preocupaciones y responsabilidades, sólo pensando en el próximo juego y en hacer travesuras. Y pensé en eso ¿Saben por qué? Porque hoy día, ya no tengo esa familia, no está para celebrar o a lo mejor está, pero no conmigo, y eso es fome porque las fiestas son para estar juntos, independiente de lo que se celebre son momentos únicos que quedan en el recuerdo, y eso poca gente lo entiende porque generalmente todos tienen su familia bien compuesta y los con más suerte, incluso viviendo en la misma ciudad.

En esta etapa de mi vida, en que uno está ya mayor, puedo darme cuenta de tantas cosas, de lo importante que es el apoyo de las personas, de lo mucho que influyen en tu vida, porque somos individuos, si, pero individuos parte de una “sociedad” que se compone de muchas personas trabajando juntas para lograr un fin en común. Bueno, en este caso el fin común es Fiestas Patrias, y si no hay compañía, si no tienes amigos, si no tienes familia con quien trabajar para este fin común: no lo puedes realizar.

Así de simple.Pero no es tan simple hacerlo como lo es decirlo. Imagínense esas personas que no tienen familiares, que no tienen amigos con quien compartir, llegar a estas fechas y mirar a un lado el desorden de la multitud comprando, sonriendo, celebrando, y ellos nada de nada.

Que pena debe ser mirar a un lado y no ver a nadie; lo más terrible pienso yo es haber tenido la oportunidad de compartir y disfrutar y de repente cuando llega el momento de decir SALUD! Esos “alguienes” ya no están.

Es ahí cuando comienzas a valorar lo que tienes y lo que tuviste, y te das cuenta que aunque la familia con la que siempre discutes, la que te hace  rabiar hasta sacar canas verdes, los que de repente te “pelan” (sorpresivamente), los que te critican y te ayudan a la vez, son los que realmente vale la pena considerar y estar ahí siempre, estar de mala cara (en ocasiones) pero estar, porque nadie los reemplazará. Y te das cuenta finalmente que después de la fiesta, después del ruido y las risotadas de tus parientes mas escandalosos, cuando estás lavando el gran montón de loza y del que no puedes sacar la grasa: que ese momento lo valió, valió la pena todo ese esfuerzo que haces por esos lindos recuerdos, y lavarías mil veces más esos 500 platos si ellos volvieran después del extenso silencio de tu soledad a pasar otro grato momento junto a ellos en tu casa.              

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