“El Capitán acaba de gritarnos que el próximo desembarco será en la ciudad de Valparaíso. Personalmente nunca he estado allí, pero mis colegas me han informado que es un lindo puerto, digno de admiración, donde puedes encontrar buenos prostíbulos.
No entiendo por qué cada vez que les pregunto a algunos de mis compañeros acerca de la próxima ciudad a la que iremos y, por supuesto que yo no conozco, lo primero que tiran de manera casi innata es si tiene o no popularidad con sus prostitutas, si es digno de alabar por sus fiestas y recibimientos a nosotros los marinos o si se puede gastar el dinero de buena manera. Nunca he escuchado un comentario decente.
Así que generalmente tomo sus descripciones como anexos, pero prefiero hacerme yo mismo una imagen. Al llegar allá pude distinguir, casi llamativamente la gran comparación hecha por muchos escritores del espectáculo que es Valparaíso y su similitud a un anfiteatro, es tan asertivo que me llegó a emocionar de cierto modo.
Sentí como si fuéramos los actores de la obra al momento de llegar y acercarnos a la orilla del muelle haciéndole una reverencia al público que eran los innumerables cerros que recorrían Valparaíso de extremo a extremo. Realmente una llegada maravillosa e inolvidable.Al bajar del barco, primero, decidido a recorrer los lugares más visitados, me dirigí a uno de estos puestos de orientación turística, donde te entregan un mapa y toda la cosa para conocer el lugar; no tenía idea antes de llegar que esta pequeña y distintiva ciudad era Patrimonio de la Humanidad ya que mis colegas no me proporcionan ese tipo de información como les había mencionado.Bueno, continuando con mi recorrido por el puerto, observé que tenía bastantes cerros, algo que es poco común y de hecho, más asombrosamente la extensidad de estos (en conjunto) era superior a la extensidad misma del plan.
Poseía numerosos bares, pubs (bohemios en su mayoría), cafés y restaurantes diversos. También la composición me llamó la atención, ya que podía ver desde un local elegante y de alto costo hasta un local pequeño donde su humildad era lo más notorio y el bajo costo permitía que cualquiera accediera allí, y lo más sorprendente es que podían estar en la misma calle ambos. Valparaíso es una ciudad muy artística, humilde y con diversidad de costumbres y culturas, diría yo, una ciudad de difícil especificación a la hora de describir, ya que no posee cánones generales.
Al seguir los consejos de unos residentes de la ciudad me dirigí al Cerro Alegre, que era el concurrido por todos los visitantes que allí llegaban.Subí por una calle, que realmente no recuerdo el nombre, pero que iba junta a otras con la misma dirección, cosa que resultaba bastante lúdica porque podía ir cambiando de pasaje y así ver distintos miradores.Finalmente llegué al punto donde estas tantas calles confluían, y resultó ser una pequeña placita llamada “Plaza de San Luis”, donde el piso estaba hecho con adoquines y tenía forma circular, con las casas rodeando por la orilla a la plazoleta.
Era muy tarde ya, estaba tan entretenido recorriendo que ni siquiera me percaté de la hora, sólo me di cuenta de esta al ver que no había luz solar ya y que había menos personas de las que esperaría encontrar.Para mi beneficio había un lindo puestesito de estos pintores callejeros que dibujan Valparaíso, pero en comparación a los que antes había visto, éste usaba sólo colores oscuros para sus cuadros, algo que me pareció extraño, ya que por naturaleza este puerto era demasiado colorido y carnavalero.
Me acerqué curioso a observar más de cerca estos pasajes ausentes de luz, y al hacerlo, no pude evitar mirar también al autor de tan obscuras pinturas y me fijé, recatadamente, que no tenía sus ojos. Me asusté, no se por qué y retrocedí, botando así unos cajones donde él apoyaba sus materiales. Al instante el pintor alzó la vista como atento a lo que sucedía y dijo como al aire que quién andaba allí, inmediatamente reaccioné, me presenté y le pedí disculpas. Para mi decepción, la percepción que tenía de las pinturas reflejaba exactamente el cómo se sentía el pintor. Era un tipo bastante frustrado, que no le veía un sentido a la vida.
Decía que porque no tenía sus ojos su vida era una patética historia de tragedia. Me sentí muy triste por el desdichado destino que le tocó vivir al pobre hombre, y por primera vez, valoré todo lo que tenía.Conversaba yo, afanosamente con el tipo, interesado en sus experiencias como no vidente, cuando vi acercarse una silueta de caderas rectas que agitaba su larga cabellera de manera coqueta al mismo tiempo que caminaba como una modelo de pasarela. Recién cuando se detuvo bajo la luz del farol que nos iluminaba al pintor y a mí, pude notar ya con seguridad que se trataba de un hombre, más conocido en estos días como un “travestido”. Como mujer era bastante linda se podría decir, salía de lo comúnmente conocemos. Nos miró a ambos y nos preguntó si teníamos fuego, a lo que respondimos a coro que no.
Como era de esperarse el o “la tipa” siguió allí conversándonos de la vida y de lo que había pasado durante su infancia. Realmente nunca me habría podido imaginar que existían realidades tan deterioradas como las que conocí esa noche. Yo escuchaba asombrado todo lo que Mariana nos relataba (que así se llamaba por cierto) y creo q el pintor, Gardel, no se quedaba al margen. De hecho pude notar un especial titubeo a la hora de responder a las preguntas de la intrigada prostituta y un nerviosismo demostrado en el constante movimiento en sus manos.
Por las señales pude apreciar que rara vez este hombre había tenido contacto con alguna mujer, supongo que también algo por lo que estaba frustrado. Risas y risas iban y venían, consecuencias de las anécdotas de este extrovertido personaje, algo que es bastante común en ellos. Intercambiamos muchas vivencias y también ellos conocieron el por qué yo estaba allí, cuál era el propósito de mi paseo por Valparaíso y partes de mis experiencias como marino. Mariana siempre coqueta nos comentaba la importancia que tenía para ella el ser respetada como lo que era “una mujer”, que para ella iba más allá de lo biológicamente correcto.Gardel por otro lado admiraba cada una de las palabras que salían de la boca de este travestido rebelado contra la sociedad y ya el coqueteo comenzó a volverse recíproco.
Me sentí incómodo en ese momento, pero una incomodidad placentera y que esperaba sentirla desde mucho antes ya, al darme cuenta de que Gardel se estaba enamorando. Mariana una chica agraciada con Gardel un pintor frustrado pero que indudablemente todavía tenia esperanzas y optimismo respecto a la vida y obviamente respecto al amor.Gardel le confesó a Mariana que él muchas veces había intentado suicidarse, por todo lo que había vivido, pero que al momento de cometer tan terrible suceso algo le pasaba que le impedía llevar a cabo su idea, no sabía exactamente qué era, pero que ahora lo veía con claridad: La esperanza de conocer a alguien que lo entendiera.
No frustrado como él a lo mejor, pero si alguien que contrarrestara esa tristeza abundante en su artística vida y ¿por qué no? En la profundidad de sus pinturas. Mariana, con los ojos llenos de lágrimas por la increíble confesión realizada por el humilde pintor, se le echó en los brazos, y llorando le decía que nunca un hombre había sido tan dulce y tan tierno con ella.Fue allí, allí queridos amigos cuando descubrí a qué había venido a este puerto, la coincidencia de toparme justo con un momento así, lo afortunado que fui al poder presenciar el rejuvenecimiento de dos almas muertas y decepcionadas de la vida, pero que al encontrarse pudieron superar eso y ser capaces de compartirlo con el otro.
Creo que no obtuve nada mejor que eso en el Gran Valparaíso que veo ahora a millas de distancia de este infinito océano; el aprender a aceptar, a conocer y a disfrutar la interacción con otra realidad, muy distinta a la mía y que ha sido la única de la que me siento conmovido y prácticamente envidioso de no poder tenerla.Fue allí, en el cruzar de sus frágiles manos antes débiles ahora llenas de fortaleza, y con “Te vi” de Fito escuchándose a lo lejos, cuando encontré, por fin, algo que hizo de mi visita un recuerdo inolvidable.Ahora, en mi camarote pienso en ellos y deseo profundamente que su amor sea tan eterno como el horizonte que diviso ahora desde la ventana sobre mi litera”.